ELEFANTES EN LA CIUDAD
Una manada de elefantes
galopa en la noche de neón,
entre rascacielos.
Sus grandes patas sobre alcantarillas
trompas enroscándose,
nudosas,
a las farolas de las avenidas,
coches ausentes.
Metros entre estaciones,
parados
bajo tierra
-máquinas de chicles a moneda-.
La luna en el ascensor,
entre dos pisos,
cansada de apretar el botón de alarma.
Los árboles se suben las faldas
-sus cercos de cemento-
y corren como rebaño
perseguido por el diablo, calle abajo,
entre hoteles vacíos,
al puente-frontera
sin taxis ni termómetros.
Un avión-pájaro sobrevuela
el banco
más grande
del mundo,
mostrador vacío,
pasillo sin pisadas,
música de trompas,
penas ausentes
de elefantes en la ciudad.
Elefantes en la ciudad…
Caminar por la acera,
entre el gentío,
sintiéndome sólo, elefante sin cobijo,
entre inmensos edificios.
Calle abajo. Respirando
el oxígeno de las farolas.
(Poema inédito que será publicado en Ciudad de elefantes, Ediciones Amargord)
BALADA DEL AUSENTE
Los días son agudas noches sin preludio
se ahoga la voz en un mar a gritos
es un fantasma este laxo cuerpo
que deambula por ambiguos bosques, proscrito
se evaporan los sueños en la nebulosa del tiempo
blancos el iris y la pupila, no siento
no existo en estos días travestidos
no soy ya más ardiente fuego ni silente viento
no hay asideros ni canciones
se quedan sin anclas mis anhelos
se olvida la sonrisa franca
afuera yacen exhaustos el alma y los besos
días noches inconmensurables,
eternos,
sin estrellas fugaces o níveos lienzos
no soy, no estoy, lo siento
no se conjuga ningún verbo
aunque preciso de un futuro incierto
sea un año, sea una hora
que me alcance para escribir estos versos.
ENEMIGOS
Hoy que tengo enemigos,
ahora que grito en el ascensor
y nadie se vuelve a mirarme.
Hoy que los folios me escupen letras a la cara
ahora que no molesto demasiado
y mi sombra me empuja.
Hoy que volteo mi corazón
ahora que la locura se me ata a los bolsillos
y mañana fue pasado.
Quevedo salpica cuando salta a la piscina y mis pies
sujetan el mundo a mi cintura.
Me rehago en la saliva que me llena los muslos,
y desafinamos mis ojos y yo.
Cuando relleno los formularios para romperme
los nudillos contra el aire
y los ojos de la urbanización.
Ahora que todos tienen claro que me equivoco
hoy que soy más yo y repto por mi espalda
hasta llegar a mi cabeza llena de toda la mierda
que ellos me han donado amablemente.
Somos el mundo afuera,
pervivimos y pervertimos a los muertos
que usan traje de oficina
y escupimos sangre para sentirnos bien.
Carmen Moreno
I
desperté
sólo;
mi cuerpo:
la luz escrita de tus ojos.
recuerda nuestra destrucción,
donde aún no la luz
y oscuras torres sobre nuestra piel
ardían ocultas.
POEMA XII. LIBRO DE POEMAS "HK-G36E". Editado por el INSTITUTO DE ESTUDIOS ALMERIENESES en 2009
Des antonymes
La joie du soleil par le matin.
Tes lèvres sur mes lèvres à l'aube.
Ton cheveu frisé
et l'ombre qui a crû dans ton visage
durant la nuit.
Un café, avant qu'un nouveau jour ne commence.
Les caractères qui forment le mot "routine".
Quand la routine est synonyme du bonheur.
(Antónimos
La alegría del sol de la mañana.
Tus labios en mis labios al amanecer.
Tu cabello rizado
y la sombra que ha crecido en tu rostro
durante la noche.
Un café, antes de que comience el día.
Los caracteres que forman la palabra “rutina”.
Cuando la rutina es el sinónimo de la felicidad.
Traducción de José Manuel Gallardo Parga)
Oración
Perdida la mirada en el arrobo.
de su conciencia el interno patio
une las manos con gestos de plegarias.
recita jaculatorias como ensalmos.
¿Qué recitas vieja? ¿Qué bisbiseas?
rezo ahora por mi ayer lejano.
futuro no queda presente ralo
déjame que llore ahora mi pasado.
Flou sobre "Anciana rezando" de Rembrandt
(probablemente su madre hacia 1629/1630)
Ambos trabajos son de Kasi
dessins signe 7
le printemps a résolu le problème de la mort
(la primavera ha resuelto el problema de la muerte)
Abdelmajid Benjelloun
Noche de otoño en Bruselas
(Acróstico)
Bellas casas de tejados escalera
Remontando avenidas, definen el paisaje,
Una tras otra, jalonan los cinco boulevares
Sentadas en la cima de las pendientes calles.
Esperan la llegada de la lluvia,
Lamentan la pereza luminosa de la tarde y
Asoman sus ventanas para descubrir cuanto
Sobre el tronco se desnudan las copas de los árboles.
Brilla la noche en una parte de Bruselas.
Es oscura en otras como manto frío y denso,
Letárgico momento que al descanso nos relega,
Girando tras el día su cincuenta por ciento;
Invítate a su cena, a su sofá, y, ya sin viento,
Con las ropas al abrigo de la lluvia,
Acercándote el calor, a cerveza y a consuelo
Regaliza
A CÁMARA LENTA
¿Cómo iba yo a resolver aquella ecuación de dos incógnitas (y, o) si me habían plastificado a escondidas la calculadora... de las imágenes oníricas? En aquel ámbito estéril del tedio, resultaba más prolífico no dejarse llevar por las matemáticas del borrón y la cuenta nueva. En mi caso, el hombre sí que podía presumir de ser el único Pan troglodytes estilizado que tropezaba dos veces con la misma piedra: Sí,
man,
homme,
Marx,
Charly y Groucho,
l´uomo della strada, con o sin brújula, que buscaba por inercia el encontronazo con ese condenado aerolito; sí, l´uomo della puta calle, que se burlaba día y noche de todos los tortazos que no se veían venir a cámara lenta.
A mí me salvó la Velvet Underground, ¿y a ti?
Portada de Poe + número 3
Ojo por ojo
arturo comas
Figura
Guión y texto para la acción/performance EL ARTE SE ADELANTA AL FUTURO
En una sala con una puerta en el extremo de la misma, el performer se sitúa detrás de una puerta cristal subido a una silla, escalera…. Fuera de la visión del público. La puerta debe estar entreabierta. Sobre la parte de arriba de la puerta, se coloca un plato blanco justo en la esquina. Justo antes de que entre el público, se comienza a leer el texto. Se continúa leyendo durante el tiempo que el performer quiera.
El arte se adelanta al futuro
En el futuro, el arte afeitará poemas rimados
En el futuro, el arte ordeñará rascacielos
En el futuro, el arte hará camas con dos almohadas… o tres almohadas
En el futuro, el arte tendrá un alto criterio
En el futuro, el arte entenderá la lástima
En el futuro, el arte agregará otra edición
En el futuro, el arte será una odiosa jornalera
En el futuro, el arte chillará así, porque sí
En el futuro, el arte se empachará de jefes
En el futuro, el arte tendrá un escote generoso
En el futuro, el arte honrará a su padre y a su madre y a la
multinacional para la que trabaje
multinacional para la que trabaje
En el futuro, el arte tendrá un guardarropa adecuado
En el futuro, el arte ya no querrá encontrar a la muchacha
En el futuro, el arte pondrá en cada mejilla una toalla de playa
En el futuro, el arte será opositora a funcionaria del Estado
En el futuro, el arte será el producto que buscas al precio que quieres
En el futuro, el arte será una norma vigente
En el futuro, el arte tendrá Denominación de Origen
En el futuro, el arte tendrá una lujosa presentación… o no
En el futuro, el arte será… ¡carne de telenovela!
Yolanda Pérez Herreras
SEÑORÍO DE OLMEDO EN ADRIANA
Para Adriana Olmedo, cantautora y sin embargo amiga,
tras escuchar su disco “Con los pies en la tierra”.
Del señorío de tu voz y su fina
Lluvia empapándolo todo
Cae
Una fresca luz de música con serias
Raíces de belleza azul en el viento
De esa tu voz de rebelde semántica
Tan precisa para seguir trazando
Sendas que nos lleven a un mundo mejor
Cartagena, 20 de agosto de 2006.
Antonio Marín Albalate
La sala octogonal
No su valor sino su cifra
los números desvelan
con su austera figura.
En el cántaro arena.
Resurrección metódica del ansia
que el signo proporciona
y ya no se detiene.
En el cántaro el agua.
La ceguera y la llama
la alerta, la vigilia.
El estado de espera.
El aceite en el cántaro.
Las ruinas, la memoria.
Fragmentos de fulgor
que retiene la piedra.
En el cántaro el ámbar.
La lengua una raíz
que se interna hacia el centro
en búsqueda de voz.
En el cántaro tierra.
La púa, la espina, lo que hiere
la piel y propicia la sangre.
La canción de la herida.
En el cántaro azufre.
En la última rama
un pájaro que no columbras.
La luz que se te esconde.
En el cántaro el oro.
Las líneas se devoran
los trazos se persiguen.
El punto sólo es fuga.
El cántaro, vacío.
Luis Luna
PUNZÓN. CEÑIDO AL VIENTRE
Alguien abre la caja.
La oscuridad
se esparce.
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Escribo la locura
para que ésta
no me seduzca.
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Suena el teléfono
y nadie resucita.
Queda la indefensión.
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Que me corten la lengua
y mi boca se llene.
Y entonces, sí, decir.
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La habitación y su luz amarilla.
Enmudece
mi rostro
en la pared.
Este reflejo de las ramas.
Una sombra.
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Bosque y cumbre.
Oscuridad.
Piedras como hoces
rasgan la piel.
Y quedan descalzos los pies
por el barro cubiertos.
Alargo la mano.
Enciendo la luz.
(sueño con sombras)
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Abres los ojos.
Ves el vacío.
Tumbada y fría
cartón eres sobre la acera
que se deshace bajo la lluvia.
(sumisión)
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La vara cae en la espalda.
Cedo al mimbre y me arqueo.
No sé si en posición fetal
la herida se prolonga.
Alzo mi rostro
y muerdo
la vara.
----------------------------
Muere la nieve.
Sobre la acera
el llanto
permanece.
----------------------------
El vaso que corta mis labios
bebe de mí.
La sangre
es más densa.
----------------------------
Roza el rostro un punzón.
Sangra la herida. Perdido
el ojo recorre la distancia.
Dibuja extremidades.
----------------------------
Dibujo cruces en mis ojos, en mis labios, en mi pecho.
Escombros mutilados
que desbroza
un cuervo.
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Soy esta casa oscura.
Hueco sólo
a la espera de luz.
(la llave)
Lourdes de Abajo
Haikus encadenados
“Lo que temía:
sólo existe el ahora
como ahora mismo.
Acumulaba
mientras sobrevivía
instantes mínimos
y al contemplarlos
me mentía la idea
de lo pasado.
Pero es inútil
obcecarse en lo vivo
cuando estás muerto.
Reloj a cero,
no sé cómo recuerdo
lo sucedido.
Vuelvo a estar hecho
de ahoras diminutos
que se disputan
vehementemente
la verdad como perros,
la hez como moscas.
Vuelvo a dudar.
Mientras tanto transito
caminos viejos
que me conducen
de cabeza a la duda.
Se cierra el círculo:
no saber es
un círculo vicioso
para soberbios;
como yo mismo,
que a duras penas ando
urdiendo mundos
donde perderme,
quizás justificarme
o sepultarme,
pero buscando
poner las etiquetas
que me permitan
catalogar
el contenido todo:
la vida breve,
la causa justa,
la muerte necesaria,
nacer crisálida,
vuelta a morir,
entre mis propios brazos
abandonado.
Y mientras tanto
desfallecer inerme,
surgir a tiros
como se surje
del fondo del abismo
que llevas dentro…
Me contradigo.
Seguramente sea
sólo el aliento
que me alimenta
y envenena mi muerte
cuando es preciso.
Descubro ahora
los desmanes sutiles
del infinito
conocimiento
imprescindiblemente
desasistido
del individuo,
de las burdas pamplinas
de trascendencia:
si solo somos
hombres inacabados
de arriba abajo;
si comulgamos
con ruedas de molino
constantemente
ninguna parte
será el mejor destino
para los pasos”.
(De 101 haikus para naufragar)
Reflexión
Mas allá del horizonte, donde la esperanza no existe y la memoria nos acosa, vive un ser capaz de explicarnos porque giran los planetas y las experiencias ser repiten a lo largo de los siglos
Es el destino que baraja sus cartas y nos entrega siete a cada uno de nosotros.
Siete son los caminos a seguir, entonces diagramamos nuestra vida, cincelamos nuestro futuro, somos los únicos alfareros de nuestros fracasos.
Nadie nos empuja al precipicio ni nos regala la felicidad.
Caminantes de lo incierto, el sufrimiento nos purifica o nos separa de la realidad,.
Somos capaces de amar hasta el delirio u odiar hasta lo inimaginable, cayendo, de esa manera, en el hueco de nuestra propia indiferencia.
En ese mismo instante, cuando tocamos fondo, nuestro espíritu de conservación nos impulsa a buscar una luz y regresar de ese exilio de oscuridades.
Al fin, comprendemos la importancia de entregar una caricia o de pronunciar un te quiero a esa lágrima que se desliza desde el vértice de las sombras y se acerca a tu vida como suplicando una limosna para su soledad…
El llamado
Ella metió la llave en la cerradura y la hizo girar. Empujó la puerta, pero, por la humedad, la madera se había hinchado, y al principio apenas si consiguió moverla. La empujó con bronca.
—Puerta de mierda —dijo al cerrarla de una patada.
El departamento había estado todo el día cerrado y faltaba el aire. Abrió el ventanal que daba al balconcito y la ventana de su dormitorio. No fue un gran cambio: ahora además de faltar el aire, entraba el calor de afuera.
—A vos lo que te hace falta es un ventilador —le había dicho Ignacio una noche. Estaban en la cama y hacía tanto calor que apenas si se podía respirar. Ella se había reído.
—Lo que necesito es un aire acondicionado.
—Ah, tanto no sé —había contestado él.
Al día siguiente, a la hora del almuerzo, no quiso ir a comer con ella. Dijo que lo habían mandado a hacer unos trámites. Ella no le creyó, pero no se lo dijo. Casi una hora después él apareció cargando un paquete enorme que le tapaba la cara. Lo dejó sobre el escritorio.
—Dale, abrilo —le dijo, porque ella se había quedado mirándolo como si fuera una cosa de otro mundo. Nunca le había regalado nada.
Lo abrió y los dos se rieron: era un ventilador. No muy grande, pero, como él le dijo, era lo que podía comprar.
Al ventilador ya no lo tenía más, así que no quedaba otra que esperar un poco de viento. Tres meses atrás, en un ataque de bronca, lo había revoleado por el aire, y según le aseguraba el japonés que siempre hacía magia con los aparatos, había quedado más allá de cualquier arreglo. Cómo había llorado aquella vez, mientras caminaba hacia su casa abrazada al ventilador. Qué estúpida, si para entonces ya hacía como dos meses que había roto con Ignacio.
Fue hasta el dormitorio a mirar el contestador. Dos mensajes. El primero, de su mamá.
—¿Estás bien? Hace mucho que no llamás, andamos algo preocupados... Llamanos, ¿sí? Para oírte la voz, nomás.
Lo borró. Otro día la llamaba.
El segundo mensaje no era de nadie: cortaron sin grabar nada. ¿Habría sido Ignacio? Pero no, no tenía por qué llamarla. Bueno, habían quedado amigos, o ¿no? Sí, tan amigos que él le presentó a la piba esa, que se hacía mucho la simpática, que le había dicho: “Qué lindo por fin conocerte. Él me contó tanto de vos que ya siento que te conozco”; pero bien que en los cinco minutos que estuvo en la oficina se la pasó estudiándola. Seguro que ahora le estaba diciendo a Ignacio. “Yo pensé que era más linda, y no me pareció que era tan graciosa como vos decías, y...” ¿Pero qué carajo le importaba a ella la novia de Ignacio?
Fue hasta el baño y puso a llenar la bañadera con agua tibia. Después de un baño con sal gruesa se iba sentir mejor. Siempre decía que se iba a comprar sales perfumadas, pero al final no lo hacía. Total, casi nunca tenía tiempo para un baño de inmersión. Ese día porque era viernes y no tenía planes... ¿Hacía cuánto que no tenía planes los viernes?
Y sí, en el fondo le importaba Ignacio y su estúpida novia. Sentada en el borde de la bañadera prendió un cigarrillo. Si había estado toda la tarde tratando de sacarse de la cabeza esa imagen... A él se le había atorado el cierre de la campera (esa tipo piloto que Ignacio llevaba siempre aunque hiciera treinta grados y no hubiera ni una nube) y la piba, como si él fuese un chico, se acercó, le sacó las manos del cierre, y con una risita de cierta ternura y burla, de un solo tirón lo bajó. ¡Qué ganas había tenido de tirarles un pisapapeles!
Apagó el cigarrillo. Él lo había hecho a propósito. Sabía que le iba a molestar verlo con otra, aunque hubiera pasado el tiempo, aunque en la oficina hicieran de cuenta que no había pasado nada, que eran tan amigos como siempre. Pero de ahí a refregarle en la cara que él ya estaba con alguien, y ella no, a decirle “un día de estos te conseguís a alguien y salimos los cuatro, ¿qué te parece?”. ¿Qué le iba a parecer? Pero no le dijo nada de lo que le hubiera gustado decirle... Lo último que quería era hacer una escena de ex-novia despechada.
Cerró la canilla. “La culpa es mía, pensó, por tarada. La que todavía piensa en él soy yo, ¿él por qué se iba a imaginar que...?” Se fue desvistiendo. ¿Y a ver, por qué la culpa era de ella? Ignacio la conocía lo suficiente como para saber que no le iba a gustar verlo con otra. La había traído a la oficina a propósito. Pero al final de cuentas siempre le pasaba lo mismo, siempre era ella la que se quedaba enganchada...
Estaba por entrar en la bañadera, cuando sonó el teléfono. Seguro que era su mamá, para “escucharle la voz”, así que iba a dejar que atendiese el contestador; pero se acordó de ese mensaje en el que habían cortado, y desnuda como estaba fue a atender.
—¿Ana? —la voz era de un hombre. No le sonaba familiar.
—Sí, soy yo, ¿quién habla?
—Te llamaba para decirte que ya te olvidé.
—¿Qué?
—Lo que oíste, que ya te olvidé.
—¿Quién habla?
Hubo un silencio, como si el otro estuviera dudando sobre qué contestar.
—¿No sabés quién soy? —sonaba dolido.
—La verdad que no. ¿Seguro que querés hablar con Ana Ferrare?
Del otro lado hubo un suspiro.
—¿En serio no sabés quién soy?
Ella se quedó pensando. Ignacio no era, eso seguro...
—¿Vicente? —dijo.
Él se rió.
—No, no soy Vicente... pero no importa. Quería que lo supieras, nomás, que ya te olvidé.
—Pero, ¿quién...?
Él ya había cortado.
Se quedó ahí, mirando el teléfono como esperando que sonara de nuevo. Y pensar que ella no iba a atender... Volvió al baño.
Primero los pies, después las piernas, la espalda, el cuello. Todo el cuerpo se iba relajando al contacto con el agua. Ni muy caliente ni muy fría, justo como a ella le gustaba. Sumergió la cabeza unos segundos. El silencio le hizo sentir que se disolvía, que por un instante ella y el agua eran la misma cosa. Después se incorporó. “Qué llamada más rara”, se dijo; y ya, lejana, empezó a enjabonarse tarareando.
SIETE PECADOS (EN DIVERSAS) CAPITALES
Eduardo Cruz
1º - GULA: Que te engulla la bulimia de la noche. Que devore tus piernas, tus brazos, tu silencio enfurecido. Que se atragante luego con los dedos de tus manos y que, saciado, vomite tus reproches.
2º - LUJURIA: Sueño que todas las mujeres bellas del mundo quieren hacer el amor conmigo. La excepción tiene la regla. Y me enamoro de esa mujer… excepcional.
3º - SOBERBIA: El taxista me ofrece iPhone, conexión Wifi y el Wall Street Journal del día. Le digo que sólo voy al teatro. Y me obliga a bajar.
4º - IRA: Me susurra sus canciones al oído. Dibuja en mis labios el mapa de su corazón con las yemas de sus dedos. Si la miro, me sonríe. Si cierro los ojos, me besa. Me llama si no estoy y me confiesa que cuando muera quiere reencarnarse en tatuaje en mi espalda… Todos la llaman Elvira. Sólo yo la llamo Elv.
5º - AVARICIA: Lo quiso todo para ser feliz y casi lo consiguió. Sólo le faltó la receta para sobrevivir al suicidio.
6º - ENVIDIA: Alberti, Baudelaire, Cernuda, Diego, Elliot, Fonollosa, Goytisolo, Hierro… El pecado se desparrama por todo el abecedario.
7º - PEREZA: Y al séptimo, descansó.
El aliento espeso de Leviatán
se expande pesadamente en rizos somnolientos
por un campo de navajas turbias,
oxidadas por la pena.
De tres de ellas, pirámides infames
enfrentadas a la asfixia impía,
se balancea, crespón fúnebre,
el cuerpo liliáceo de un hombre ensartado.
Las hojas metálicas que traspasan su vientre,
su pecho
y sus muñecas
se han empapado de un ulular sombrío
de lechuza.
Alquimista Tartessico
-Bajo aquella luz mortecina y amarillenta de una bombilla de ciento veinticinco vatios...se preguntaban sobre el equilibrio natural de las cosas y de que la muerte solo tiene una salida, la propia muerte... No temas esas risas desdentadas de sombras inquietas y nerviosas.
El libro te está volviéndote loco. La oscuridad del exterior te mortifica y no sabes como alumbrarte el camino de vuelta a casa.
Por cierto, donde estabas ayer, que no te vimos ni oído. Tus tripas suelen romper el sonido particular del salón.
Tú dentadura flota en un vaso de agua sucia, llena de moscas ahogadas. Y tú sin aparecer, ya nos preocupabas.
Pero no temas, te guardaremos la cena.
LA CENA
Ambos trabajos son de JUAN MANUEL ALVAREZ ROMERO
La amada del viento
(Poema en rima Jotabé)
El suave viento rozaba su cara,
como un celoso amante que velara,
esas pocas primaveras en flor,
de su tersa faz llena de candor,
que luciera la joven al calor,
que sólo puede ofrecer el amor.
Mientras el vagar de una traviesa hoja,
por el viento mecida se le antoja,
alcanzar su rostro y sobre él se para,
provocándole un ligero picor,
que de su grácil semblante despoja.
De su mano un rápido movimiento,
libra su faz de todo sufrimiento,
volviendo su lisura angelical,
a emanar paz libre de todo mal,
mientras airado el viento en el marjal,
brama inquieto su alarido infernal.
¡Nada en la faz de mi amada se pose!
¡Nada la profane, ni un solo roce!
Sea plácido y eterno este momento,
pues aún sin ningún contacto carnal,
nada impedirá que mi alma la goce.
Indiferencia métrica
El capitalismo mata cada día a 100.000 personas de hambre en el mundo
Hoy he buscado un rincón de identidad entre mis huesos.
Y he descubierto rabias licenciadas, sonrisas de niños cautivos, una ojera temprana en mi mejilla.
He descubierto la claraboya por donde escapa hacia el sur la maldad del hombre.
Y me he asomado por su cerradura de plasma, de ángulos cerrados, y lo he visto.
Que son traslúcidas sus cuencas de agua, las paredes de espejo, el sudor hospedado en las puertas de la mente.
Bostezando al vacío sus gritos de nadie, de nada, de pozo.
Y a veces he deseado confundirme con sus manos de verbo, y dejarme la vida en sus tiendas de trapo.
Para no tener que pensar así que soy yo, con mi indiferencia, quien los está matando.
Arantxa Rochet
Diógenes, Mon amour
Antes no había inviernos
Sólo costras de baba
Decorando el suelo.
Trocitos de pelo
Y pescado fresco en las paredes,
Tres cubos de basura no reciclable
y en el baño compartiendo vaso
los cepillos de dientes.
Antes no había primaveras,
No nos dio tiempo.
Ahora el otoño me compensa
Las horas muertas que pasé llorando
y el hueco que dejó tu cepillo
en el lavabo.
Adriana Bañares
Asedio
He sentido como el aire se arrastraba a ras de suelo
para acariciar mis carnes,
como silbaba en el viento, el murmullo de una voz
que gritaba mi nombre,
como el agua empapaba mi cuerpo
dejando surcos de hambre que recorrían mis pechos
ansiosos de ser sustento y ración de tu sangre;
he implorado clemencia y perdón al silencio
que hostiga en las noches mi mente
y asedia su hueco;
he dejado a mi piel adiestrarse para entender tus deseos
hasta acostumbrarse a ser la angostura quebrada
al doblar mi cintura...
he querido ser...la verdad, el silencio, la razón de tu tiempo
y la locura.
28-09-2009
UN ALTRE RECOL-LECTOR DE PLUJA
(otro recolector de lluvia)
Técnica mixta de Laura Marquès Pons
SIESTA










2 comentarios:
gracias bruno, de corazón
Gracias a ti, claro.
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